sábado, 14 de septiembre de 2013

Entrevista al colectivo El Banquete

Desde el pasado miércoles 11 de septiembre queda inaugurada oficialmente La Estancia, el proyecto del joven colectivo artístico El Banquete. Estos recién licenciados en Bellas Artes tomarán espacio trapézio en toda la amplitud de sentidos del término. A la vez que expondrán aquí algunas de sus obras pasadas, se apropiarán del espacio como taller de trabajo para proyectos futuros y desarrollarán acciones colectivas para involucrar a los espectadores circundantes, profesionales o curiosos, es ágoras de debate en torno a la universidad, el circuito galerístico y todo aquello que les interese a estos cuatro jóvenes. ¿Quieres conocer más a fondo a Alejandro, Marta, Antonio y Raquel? Aquí los tienes.


¿Cómo nació el colectivo El Banquete?
Los cuatro componentes del colectivo nos conocimos en el transcurso de la licenciatura en Bellas Artes de la UCM. En 4º curso coincidimos todos en la asignatura de Idea, Concepto y Proceso de la creación impartida por el decano Josu Larrañaga. Él propuso a la clase hacer una serie de proyectos grupales, por lo que nos juntamos por afinidad y comenzamos a trabajar en los proyectos Sobremesa y Parlamento. Una vez terminados y tras la experiencia, decidimos presentarnos a convocatorias como colectivo y así llevamos casi dos años.


¿Por qué El Banquete?
El Banquete es un nombre que escogimos por varios motivos. Por un lado nuestros primeros trabajos surgían a raíz de la reunión que se genera a través del acto de comer y por dos referencias como son El Banquete de Platón en el que Sócrates y sus colegas se reúnen al rededor de una mesa con litros y litros de vino para divagar sobre Eros y El Banquete de Simónides en el que tuvo que reconocer la identidad de los fallecidos por el lugar que ocupaban éstos en la mesa.

¿Cuál es vuestro statement de trabajo y objetivos como colectivo artístico?
Después de años y medio trabajando juntos, vemos que desarrollamos temas que nos interesan a los cuatro pero traducidos de una manera plástica que nos identifica como colectivo. En los proyectos que hemos generado hay determinadas palabras clave que siempre están contenidas en nuestros textos: relación, diálogo, lúdico, empoderamiento, relectura de lo cotidiano...


¿Preferís hacer arte en colectivo que en solitario?
Alejandro Cinque: Una cosa no quita la otra, de hecho se complementan muy bien. Temas y referencias que me interesan y en las que trabajo en mis proyectos personales al final las vuelco al colectivo, ya que antes de grupo de trabajo somos amigos y nos ayudamos mutuamente en nuestro crecimiento como personas y artistas; y en dirección inversa, cosas que surgen del colectivo también me sirven de aprendizaje. Además los cuatro somos muy distintos a la hora de trabajar y generar obra, circunstancia que nos permite realizar proyectos que por separado no tendríamos la capacidad de abarcar.
Raquel G. Ibáñez: Quizá el problema sea hacer una diferenciación de ambas prácticas como si fueran excluyentes o no tuvieran nada en común. Es posible que sea demasiado simplón pensar que un artista cuando trabaja lo hace de manera completamente individual: siempre se pide ayuda, se acude a referencias externas de una manera u otra... a estas alturas no debería existir la concepción tan romántica del “aislamiento propicio para la creación artística”. Sea como sea y retomando la pregunta, creo que no es excluyente, trabajar de manera colectiva no estaba dentro de mis planes y quizá por eso me está trayendo tantas satisfacciones. Mirándolo con algo de distancia y desde un punto de vista más reflexivo, trabajar de manera colectiva tiene unas cualidades especificas que a veces se tornan complicadas (los procesos son mucho más largos, las decisiones más complejas, hay que aprender a negociar desde cero...) pero por otro lado tiene cosas  muy valiosas, entre ellas, el atrevimiento a hacer cosas que de manera individual no serían posibles, el anonimato (sentirse parte de algo, sin sentir un peso exagerado para con tu nombre), y sobre todas las cosas, el aprendizaje constante gracias al intercambio. Al fin y al cabo, el trabajo colectivo es de negociación, de polinización cruzada, de experimentación empírica y de crecimiento no sólo profesional, sino personal.
Antonio Torres: Para empezar yo entiendo la práctica artística desde la perspectiva de la siguiente frase: solo is never a solo. Por lo que no encuentro que haya diferencia ninguna, más allá de los temas que podamos tratar, y posiblemente en mi caso la formalización.
Marta van Tartwijk: Son cosas distintas pero que inevitablemente están intrinsecamente únidas. No creo por lo tanto que haya una clara línea divisoria entre ambas, y desde luego, no podría decir cual es mi preferencia. La una se alimenta de la otra. Lo que tal vez sí es importante remarcar es que una práctica colectiva es sin duda alguna, algo tremendamente enriquecedor debido al intercambio que esto supone, ayudando así a un aprendizaje que además de más rápido es a veces más lúdico. También se puede tornar también un esfuerzo, algo arduo o complicado, pero en una sociedad cada vez más individualizada la decision de trabajar en colectivo es un posicionamiento claro rescatando aspectos como la reunion o el diálogo.

¿Cuáles son las posibilidades de habitar un lugar de trabajo abierto al público como espacio trapézio?
Hasta ahora no habíamos tenido un espacio físico concreto donde asentarnos debido a nuestra deslocalización. Siempre hemos trabajado de manera nómada en los talleres de la facultad, en nuestras casas o a través de reuniones en red. El tener un estudio/taller del colectivo es una manera de tener, literalmente, un centro de operaciones desde el que poder gestionar nuestro trabajo. Es una forma de tener un punto de reunión que nos sirva de referencia y que marque las coordenadas de desarrollo de nuevas líneas de investigación.
El factor de ser un espacio abierto al público en un mercado en el barrio de Chueca marca un contexto bastante peculiar y nos resulta bastante atractivo ya bien por la exposición directa no solo de nuestro trabajo sino de nosotros mismo, y por el contacto directo con unas circunstancias sociales que pueden nutrir y complementar nuestro trabajo. Además, en nuestras obras se repiten una y otra vez las problemáticas de lo privado/público, de lo macro/micro, de lo doméstico/urbano… por lo que espacio trapézio nos viene al pelo.

¿En torno a qué ideas y discursos se va a desarrollar La Estancia?
La Estancia es un proyecto que engloba tres bloques a desarrollar a lo largo de estos dos meses que El Banquete va a habitar espacio trapézio:
El primero de ellos es La Despensa/archivo de proyectos, que se encarga de hacer una muestra de cuatro de los proyectos más destacados que hemos desarrollado como colectivo y que funcionan como carta de presentación. El segundo es Sala de Estar/espacio de trabajo en el que los cuatro artistas instalaremos un estudio físico en el propio espacio expositivo. Allí generaremos una rutina de trabajo y reuniones para continuar con nuestro proceso de creación y con la intención de desarrollar y proponer nuevos proyectos artísticos en base al contexto concreto en el que nos encontramos. Por último está el Recibidor/sesiones de discusión, que se formaliza a través de tres reuniones colectivas programadas para octubre en las que contaremos con invitados del sector arte y cultura con el objetivo de debatir en conjunto sobre distintas problemáticas que hemos encontrado y desarrollado en nuestra investigación.

Todos os habéis formado en la universidad pública, ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la enseñanza de Bellas Artes en esta institución?
Alejandro Cinque: cinco años dan para mucho y nuestra generación concretamente ha vivido una situación muy interesante y delicada en el campo de la educación pública universitaria. Nosotros fuimos la última hornada de licenciatura que tuvo que hacer prueba de acceso específica con un patrón exageradamente semejante a la antigua Academia de San Fernando, y viendo la situación anterior, la que teníamos y la que venía, no nos quedó más remedio que indignarnos. Para resumir en una conclusión concisa: la formación en Bellas Artes es anacrónica, la gestión anticuada y el profesorado (salvo gloriosas excepciones) prehistórico, pero el entorno y la gente que lucha por la utópica facultad que queremos hace que estudiar, estar, comer, dormir y en definitiva vivir en la Universidad merezca la pena.
Raquel G. Ibáñez: esta pregunta puede resultar una pregunta trampa. Acabamos de licenciarnos y aún tengo sentimientos encontrados con la carrera. Fluctuando entre un extraño síndrome de Estocolmo fruto de la nostalgia a un pensamiento muy crítico con el plan de estudios y la propia institución.  En cinco años de carrera pasan muchas cosas. Bellas Artes no es una carrera al uso porque, si te la tomas en serio, el grado de implicación es máximo, donde lo personal y lo academico se funden en uno solo.
En cuanto al plan de estudios y la institución hay muchas cosas que deben ser revisadas cuanto antes. Por un lado, que se siga llamando “Bellas Artes” creo que limita bastante y puede proporcionar una grave decepción. Es un término anticuado  y equívoco como algunos de los modos de enseñanza que se pueden encontrar en diversos departamentos de la facultad. Por otro lado, el positivo, creo que estos estudios, más que aportar cosas que se ofertan bajo burocracias y papeleos, ofrece otras cuestiones que están al margen de las mismas pero de las que quizá se saca más partido: desde aprender a ser más autonomo, a generar redes de colaboración, a trabajar duro y consolidar una rutina de trabajo, a investigar por tu cuenta, y conocer gente, tanto compañeros como profesores, que de alguna manera u otra te van a acompañar durante más de cinco años. Es una perogrullada decir que la situación de la Universidad pública, es terrible y que hay que hacer algo al respecto. Desde defender a ultranza la educación pública para todos y de calidad hasta intentar derrocar ideas y concepciones, para mí, maniqueas que terminan siendo una trampa mortal como los conceptos de utilidad que llevan a los jóvenes a elegir carreras de manera completamente mercantil, o al absoluto desprecio y constante acoso y derribo por parte del Ministerio de Educación y demás instituciones para con la educación humanistica, y artistica.  Para mi gusto es inmoral empezar la carrera pagando 900 euros (cifra nada despreciable) y terminar, cinco años después, con 1600 euros en concepto de matricula (sin repetir ninguna asignatura cabe destacar), mientras la facultad sufre despidos de profesorado, modelos y funcionariado, mientras las infraestructuras se deterioran y la calidad de la enseñanza se torna una lucha contra la crisis y no contra la ignorancia. Acabar la carrera en 2013 es un trance complejo por la incertidumbre que baña todo y lo triste es consolarse pensando en los chicos que han hecho selectividad este año y que tienen que decidir qué estudiar, o en su defecto, no pueden hacerlo por falta de dinero y no por falta de potencial para ello.
Antonio Torres: la Facultad de Bellas Artes es un lugar singular, con el significado positivo y negativo de la palabra. En muchos casos no sabría hasta qué punto algunas cosas podrían ser beneficiosas o no, como por ejemplo la independencia que te obliga a tener. Sea como sea, no sólo hemos pasado por la Universidad, también la Universidad ha pasado por nosotros. Y parte de lo que somos es gracias a ese ambiente, aunque ello no significa que no haya nada que cambiar. Creo que hay elementos que deber mutar ya, y muchos otros que debemos sentarnos a debatir para construir la Universidad pública que queremos.
Marta van Tartwijk: Sería difícil hacer una enumeración de ventajas y desventajas. El panorama actual de la Universidad pública es algo muy complejo, pero a pesar de todo se hace evidente que necesita una revisión urgente. Es innegable que al margen de la crisis, los precios abusivos, la invasión de lo “útil” en los programas de estudios, la enseñanza en Bellas Artes sufre sobretodo de un fuerte anacronismo. Nos encontramos en una institución totalmente anclada al pasado donde los grandes dinosaurios, que a pesar de respetables, prehistóricos al fin y al cabo, toman las riendas de los programas docentes. No obstante, la precariedad, tanto económica como intelectual, en algunos casos crea caldos de cultivo interesantes por la superación que hacen algunos individuos de sus propias circunstancias. A mi parecer, ese ambiente no se encuentra en otro lado, y esta es una de las grandes ventajas de la Universidad pública, un flujo de conocimiento, que es subterráneo, que ocurre en las plantas bajas de los edificios, en las cafeterías, en los jardines… El poder ESTAR en la facultad, creo que es una de las grandes ventajas que ofrece esta institución.

Sois todos recién licenciados, ¿qué camino pensáis seguir ahora?
Alejandro Cinque: El que me venga. La situación actual nos ha obligado a estar excesivamente despiertos, avispados y tener siempre frentes abiertos para vivir haciendo lo que nos plazca y así ser felices. Becas, residencias, concursos, trabajitos precarios de diseñador, exposiciones no remuneradas, encargos, master… lo que venga siempre que haya mucho arte y buen ambiente.
Raquel G. Ibañez: Siempre he pensado que nunca se deja de estudiar, mucho menos en el campo del arte. La consecuencia socialmente reglada a la licenciatura hubiera sido hacerme un máster, pero las circunstancias no me lo permiten y hoy en día creo que incluso ha sido positivo. La incertidumbre es generalizada en este momento, supongo que lo primordial es aprender a convivir con ella y saberle sacar provecho de manera positiva, aunque esto a veces (dependiendo del día) suene a broma pesada. La idea del trabajo remunerado se torna extraña, precaria, lejana, aunque no imposible, así que supongo que simplemente habrá que seguir adoptando la estrategia de mantenerse siempre activo, buscando cosas que hacer, proyectos donde meter mano, seguir estudiando por mi cuenta y dejar de hacer demasiadas cabalas sobre el porvenir porque ahora no puedo permitirmelo y solo conseguiría volverme loca y algo más pesimista.
Antonio Torres: He solicitado un máster en Londres y a la espera de la confirmación estoy. Pero sea cual sea la contestación, sería buscar los medios, por becas, residencias o concursos, para continuar con la producción. En definitiva, buscarme la vida.
Marta van Tartwijk: Tal vez ninguno en particular sino varios. Hoy más que núnca se vuelve muy importante el tener varias posibilidades abiertas. Tal vez por los estudios que hemos seguido o tal vez por las circunstancias que nos han rodeado, creo que somos personas que nos hemos acostumbrado a los vaches, las curvas peligrosas, y a una cierta incertidumbre, sabiendo aprovechar lo mejor de ello, el estar al acecho de la posibilidades. El perderse puede ser a veces una buena manera de hacer camino.

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